(Publicado originalmente en www.twsportsdudes.com)
Era lógico que en una época donde predominaba el videoclip de MTV se sublimara exponencialmente la figura de un jugador que, esencialmente, jugaba como en una consola de videojuegos.
Pero, insisto, discúlpenme, Jordan de ninguna manera revoluciono el basquetbol, solo lo hizo “popular”, -gran mérito- pero las bases del espectáculo que actualmente vemos van más allá de un jugador mediatizado y un equipo que nunca fue visto así.
La verdadera revolución del basquetbol se dio con Will Chamberlain y sus 100 puntos en un solo partido, ¡el tener que cambiar las reglas del mismo por culpa de un solo jugador si es revolucionar un juego!
Revolucionar el juego fue lo que logro Pete Maravich con los Atlanta Hawks y su estilo de juego, los jugadores de color que por sus habilidades técnicas y fortalezas físicas dominaban la liga no podían creer que un blanco de mediana estatura hiciera –precisamente- las maravillas que Pistol Pete lograba con el balón a ras de duela.
Cambiar el juego no es vender zapatos tenis con tu logo, ahí el famoso eres tú, no el juego.
Ni siquiera Kareem Abdul-Jabbar con su Sky-hook o “Dr. J” con sus espectaculares clavadas se pueden catalogar como los emisarios del cambio en la NBA.
Si, alguien ganaba partidos en el último minuto con sus tiros y alguien era espectacular con sus clavadas antes de ti, Michael.
Los que VERDADERAMENTE hicieron que el público exclamara “I love this game” fueron, paradójicamente, dos individuos tan diferentes entre sí, que defendían causas completamente disímbolas, que ostentaban un estilo de juego opuesto uno de otro, y ambos eran espectaculares: Earvin ”Magic” Johnson Jr. Y Larry Joe Bird.
Ellos, junto a los Boston Celtics y L.A. Lakers redefinieron en la época de los 80´s el concepto de juego y de rivalidad con juegos que aun los fanáticos que no eran o son seguidores de ambos equipos recuerdan todavía.
El equipo de la tradición, del estilo técnico y eficaz, con una duela que infringía miedo no solo por lo extremadamente difícil que era ganar en ella, también por la particular forma en la que la madera estaba distribuida (muchos jugadores de la época se quejaban que se perdía el ritmo del bote del balón en una especie de ilusión óptica.)
Por el otro lado el equipo All-star, de la ciudad donde los sueños se hacen realidad, con una espectacularidad combinada con velocidad que no se habían visto nunca… y los pases del “Magic”, los irrepetibles pases del “Magic”.
Alrededor de esos dos planetas en colisión que eran Bird y “Magic” circundaban otros GRANDES jugadores que sería injusto no mencionar y que apoyaban ese gran cambio que se gestaba en la liga: unos jóvenes Dominique Wilkins, Patrick Ewing, Charles Barkley y un individualista Michael Jordan.
Llegarían los 90’s y su ¡bum! Mercadológico, épocas de 50 y 60 puntos que no le servían de un carajo a los Chicago Bulls, y que por el contrario, le servían de mucho a Jordan para vender tenis, camisetas, hacer comerciales… Y no ganar títulos.
En los hombros de Larry y Earvin se construyó la nueva NBA, y su fruto fue cosechado por un –desde mi punto de vista- mal llamado “mejor jugador de todos los tiempos”.
“El mejor jugador de todos los tiempos” no fue nada hasta que no tuvo a su lado a quien verdaderamente hacia el trabajo para que el equipo ganara campeonatos: Dennis Rodman y el jugador más menospreciado de la historia, el verdadero artífice de los grandes éxitos de los Bulls: Scottie Pippen.
Pero no me crean… ustedes saben que soy La falsa identidad del Sr. Bourne…
Y sobre advertencia no hay engaño…









